¿Estamos tan ocupados como creemos?

Abeja ocupada en una flor

Vivimos en una sociedad acelerada y competitiva. Las prisas, la urgencia, la falta de tiempo para hacer todo lo que queremos se han convertido en un hábito, en nuestra rutina diaria.

Un hábito con efectos en la salud

Mientras tanto las consultas de los médicos se llenan con casos de estrés, de ansiedad, enfermedades serias que deterioran gravemente la calidad de vida de quienes las padecen.

Tenemos la sensación de estar siempre ocupados, muy ocupados, pero ¿tiene que ser así?.

Leí hace algún tiempo un artículo de Laura Vanderkam en el Wall Street Journal (en Inglés) que me acaba de recordar Marianne Díaz en Pensamiento Imaginactivo. El artículo tiene un par de años, pero sigue tan vigente ahora como entonces.

Falta de tiempo para todo

Laura habla de como estaba siempre “ocupada, ocupada, ocupada”, viviendo una vida de 60 horas de trabajo a la semana y sólo seis horas de sueño por las noches, sin tiempo casi ni para respirar.

Gente con prisas en el metro

Lo peor para mí de ese escenario no está en las horas de trabajo o en las de sueño, sino en esa sensación permanente de estar ocupado, de no tener tiempo para nada que no sea trabajar, ni siquiera para dormir. Eso es lo verdaderamente negativo, lo que afecta a nuestras emociones y lo que a medio plazo nos acaba pasando peaje.

Tiempo no aprovechado

Pero no tiene por qué ser así. Como nos cuenta Laura, ahora trabaja 45 horas y duerme casi 8 y, lo más importante, lo ha conseguido sin renunciar a nada de lo que hacía antes:

Libretas para organizar el tiempo

¿Mi secreto?, empecé a fijarme en cómo empleaba mi tiempo, registrando cuantas horas y minutos dedicaba a diferentes actividades, como el trabajo, el sueño y los quehaceres diarios.

Pronto me di cuenta de que me había estado mintiendo a mí misma acerca de a dónde iba mi tiempo. Lo que pensaba que eran semanas de 60 horas ni siquiera se acercaba a eso. Hubiese asegurado que dedicaba horas a tareas en las que en realidad empleaba solo minutos. Malgastaba largos períodos de tiempo perdidos en internet o pasando el tiempo en casa, sin estar realmente segura de lo que estaba haciendo.

Es decir, ¿cuántas horas de las que pasamos trabajando (sea en tareas profesionales, domésticas o en cualquier otra “obligación”) no son realmente necesarias y sin embargo contribuyen a aumentar esa sensación de no dar a basto, de no llegar a las cosas?.

No nos aporta nada positivo

Aunque para muchos se ha convertido en algo habitual, que damos por inevitable y a lo que nos resignamos, lo cierto es que pasarnos la vida estando siempre muy ocupados sólo tiene efectos negativos, entre ellos:

Persona que sufre de ansiedad

  • Deterioro de la salud. El estrés y la ansiedad son cada día más frecuentes, pero están surgiendo nuevos cuadros clínicos, como el “Burnout” o Síndrome del quemado
  • Insatisfacción. Sin necesidad de llegar a desarrollar problemas médicos, la sensación de falta de tiempo nos provoca insatisfacción, hace que nos cueste más disfrutar de la vida y ser felices.
  • Disminución de la productividad. Un simple vistazo a la división de nuestro tiempo por tareas nos demuestra cuanto de ese tiempo teóricamente productivo y dedicado al trabajo se nos va en cambio en actividades que poco tienen que ver con las obligaciones. Y lo que es peor en actividades que, si las programásemos conscientemente como parte de nuestro tiempo libre, disfrutaríamos más de ellas.
  • Menor disfrute del ocio. Incluso cuando damos el día o la semana finalmente por acabados, nos cuesta desconectar. La sensación de no dar a basto hace que sigamos pensando en lo que hemos dejado sin hacer y nos impide centrarnos en nuestro tiempo libre y disfrutar de él.

Windsurfista frente a la ciudad

Desengancharse no es tan difícil

En su artículo Laura propone 3 soluciones para desengancharnos del hábito, a lo que yo he añadido 3 más al final de la lista:

  • Mantén un registro de tus actividades. Si queremos resolver un problema, lo primero que hay que hacer es diagnosticarlo, entenderlo bien. ¿A qué dedicamos nuestro tiempo y cuanto tiempo dedicamos a cada actividad?
  • Sé honesto. Cataloga como trabajo (obligaciones, responsabilidades) sólo aquello que realmente lo es. Deja fuera de tus horas de trabajo lo que no tenga nada que ver con él. Eso reducirá las horas que dedicas a trabajar y te ayudará a liberarte de la sensación de estar siempre ocupado. No quiere decir que no hagas las otras cosas, que no consultes internet, llames a un amigo o planifiques el fin de semana. Quiere decir que trabajes durante las horas de trabajo y te dediques al ocio (y lo disfrutes) durante el resto del tiempo.
  • Modifica tu lenguaje. En vez de decir “no tengo tiempo” prueba a decir “no es una prioridad” y obra en función de como eso te hace sentir. “ir a ver a mi suegra no es una prioridad” no es lo mismo que “no voy al médico porque mi salud no es una prioridad”.
  • Artesano tallando una zanahoria

  • Organízate. Una vez que has decidido a qué tareas vas a dedicar tu horario de trabajo, organízate. Parafraseando a MacArthur, no hay sistema de organización que sobreviva al primer contacto con la realidad, pero eso no quiere decir que no sea necesario estar organizado. Existen muchos métodos, uno de los más reconocidos es GTD (Getting Things Done) de David Allen, del que te dejo un vídeo en Español que lo explica de una manera sencilla.
  • Concéntrate en una cosa. Y sólo en una. Olvídate de la multitarea. Pasarnos todo el día reaccionando cada vez que entra un correo electrónico no es productivo. Yo despacho el correo tres veces al día, el resto del tiempo lo tengo cerrado. Y sólo contesto aquellas llamadas que no pueden esperar hasta que haya terminado lo que estoy haciendo y pueda devolverla. Sé que suena radical, pero en la práctica es una cuestión de hábito y si lo pruebas verás como no quieres volver atrás.
  • Trabaja en intervalos. Mejor que empezar con una tarea y no levantar la cabeza hasta que hallas terminado, prueba a trabajar en intervalos de tiempo, alternándolos con breves descansos. La técnica original la desarrolló Francesco Cirillo y se conoce por el nombre de Técnica Pomodoro. Parte de la base de que el cerebro humano rinde mejor con períodos de trabajo alternados con otros de descanso y en la versión original propone 25 minutos de trabajo seguidos de 5 de descanso. Pruébalo y experimenta un poco hasta dar con lo que mejor funciona para ti. Yo uso una combinación de 60 minutos de trabajo y 5 o 10 de descanso. Eso sí, la clave está en que durante los períodos de trabajo no se admite ningún tipo de distracción ni interrupción.