El talento ¿es innato o aprendido?

Surfero en una ola

La opinión más extendida es que el talento es algo con lo que se nace. O lo tienes o no lo tienes. Sólo así se entienden figuras como Mozart, Einstein, Cervantes o Picasso. ¿No crees?

Pues parece que no es así. Las últimas investigaciones y descubrimientos en neurociencia apuntan en la dirección opuesta. El talento es algo que se adquiere y que, por lo tanto, está al alcance de cualquiera. O por lo menos de cualquiera que entienda y aplique la forma adecuada de desarrollarlo.

En su libro El código del talento: La excelencia no es innata. Es cultivada. (inglés), Daniel Coyle nos presenta el resultado de un amplio estudio sobre el talento, en el que defiende que, lejos de ser alguna forma abstracta de poder místico, el talento puede ser creado y educado.

En otras palabras, todos nosotros podemos alcanzar nuestro máximo potencial si educamos nuestro cerebro de la manera adecuada.

Siempre he defendido que, con excepción de los locos, las personas no se diferencian demasiado por el intelecto, sólo por el entusiasmo y el trabajo duro.

― Charles Darwin

Seguramente habrás oído esa famosa frase según la cual son necesarias 10.000 horas de práctica y/o estudio para alcanzar la maestría en cualquier tipo de actividad.

Según eso, si te dedicas durante algo menos de 5 años a tiempo completo, 5 días a la semana, 8 horas al día a jugar al tenis, te convertirás en el próximo Nadal.

Lo cierto es que todos sabemos que no es tan sencillo, que para llegar a jugar como Nadal no basta con dedicarle 10.000 horas. Como mínimo también hace falta también, con un nivel muy alto de juego, que te enseñe, te guíe y te corrija.

Hasta aquí todo bien. Lo realmente novedoso en el libro de Coyle es que, según él, ese plazo de aprendizaje puede ser acortado sensiblemente.

En uno de los numerosos ejemplos del libro, Coyle nos habla de Clarissa, una estudiante de clarinete que fue objeto de un estudio por parte de dos psicólogos musicales australianos: Gary McPherson y James Renwick, que hicieron un seguimiento de su progreso aprendiendo a tocar el clarinete.

Clarissa no tenía un talento especial para la música ni para el clarinete. Sus profesores la clasificaban como una mediocridad, sin buen oído, sin sentido del ritmo y con un nivel de motivación por debajo de la media.

La motivación siempre vencerá al mero talento.

― Norman Ralph Augustine

Nada de esto parecía muy prometedor y, sin embargo, como quedó reflejado en un vídeo grabado por McPherson, Clarissa desarrolló un método de aprendizaje que le permitió avanzar en seis minutos lo que a un alumno normal le hubiese llevado un mes de trabajo.

¿Cómo? El método es sencillo. Empieza a tocar una pieza. Toca las primeras notas, se equivoca en una, se da cuenta y se para. Reflexiona y vuelve a empezar desde el principio. Repite las notas hasta que le salen bien, hasta que su cerebro ha automatizado los movimientos exactos de manos y boca que producen la melodía.

Cerebro humano

Y así sigue avanzando. Toca, se equivoca, para, vuelve atrás, repite y no avanza hasta que domina ese pasaje. Y esa es la clave de la que trata el libro:

Este libro es sobre una simple idea: Clarissa y las granjas de talento alrededor del mundo están haciendo lo mismo. Han descubierto un mecanismo neurológico según el cual patrones de practica dirigida generan la destreza. Sin darse cuenta, se han adentrado en una zona de aprendizaje acelerado que, aunque no puede ser embotellada, sí puede ser aprovechada por aquellos que saben como. En resumen, han descifrado el código del talento.
El código del talento se basa en los últimos descubrimientos científicos sobre un aislante llamado mielina, que algunos neurólogos ahora consideran el Santo Grial de la adquisición de la destreza. Esta es la razón: cada habilidad humana, ya sea jugar al baseball o interpretar a Bach, se crea mediante cadenas de fibras nerviosas que transportan un minúsculo impulso eléctrico – básicamente, una señal viajando a través de un circuito. El papel vital de la mielina consiste en envolver esas fibras nerviosas de la misma manera que el aislante plástico envuelve un cable de cobre, haciendo que la señal sea más fuerte y más rápida al evitar la fuga de impulsos eléctricos. Cuando disparamos nuestros circuitos de la manera correcta – cuando practicamos el movimiento del bate o reproducimos esa nota- nuestra mielina responde añadiendo capas de aislante alrededor de ese circuito neuronal, con cada capa añadiendo un poco más de destreza y de velocidad. Cuanto más gruesa es la mielina, mejor es el aislamiento y más rápidos y exactos son nuestros pensamientos.
La mielina es importante por varias razones.

  • Es universal: todos podemos desarrollarla, más rápidamente en la infancia, pero también a lo largo de la vida.
  • Es indiscriminada: su crecimiento refuerza todo tipo de habilidades, mentales y físicas.
  • Es imperceptible: No podemos verla o sentirla y sólo podemos detectar su incremento por sus efectos aparentemente mágicos.

Sobre todo, sin embargo, la mielina es importante porque nos proporciona un vívido nuevo método para comprender la destreza. La destreza es un aislante celular que envuelve los circuitos neuronales y que crece en respuesta a ciertas señales. Cuanto más tiempo y energía dedicas al tipo adecuado de práctica – cuanto más tiempo estás en la zona de Clarissa – más destreza desarrollas. O. por decirlo de una manera ligeramente distinta, más mielina generas. Toda adquisición de destreza y, por lo tanto, todas las granjas de talento, funcionan sobre los mismos principios de actuación, no importa cuan diferentes nos puedan parecer. En palabras del Dr. George Bartzokis, un neurólogo e investigador de la mielina en UCLA, “Todas las destrezas, todos los idiomas, toda la música, todos los movimientos, están hechos de circuitos vivos, y todos los circuitos se desarrollan siguiendo unas ciertas reglas.”

Por comparación, ¿cómo funciona el sistema educativo tradicional por el que todos hemos pasado?

Nos enseñan una materia, nos ponen deberes, dándonos un tiempo para practicar y completarlos, y nos hacen un examen. Nos dan una nota y, si hemos aprobado, seguimos adelante. ¿Ves la diferencia?

Bailarina de Ballet

El talento no se desarrolla buscando el aprobado, sino descomponiendo el aprendizaje en sus piezas más pequeñas y repitiendo cada una de ellas hasta alcanzar la maestría. Lo que Coyle denomina “La práctica profunda”.

La práctica profunda se basa en una paradoja: el “forcejeo” en ciertas formas concretas – moviéndonos en los límites de nuestras capacidades – nos hace más inteligentes. O por decirlo de otra manera, las experiencias en las que te ves forzado a bajar el ritmo, cometer errores y corregirlos – como harías si estuvieses bajando por una montaña helada, resbalando y tropezando según avanzas – acaban por hacerte rápido y elegante sin darte cuenta de ello. “Pensamos en el rendimiento libre de esfuerzo como algo deseable, pero en realidad es una espantosa forma de aprender”.

“Solemos pensar en nuestra memoria como en una grabadora, pero es una equivocación, es una estructura viva, un andamio de tamaño casi infinito. Cuantos más impulsos generamos, encontrándonos con y superando dificultades, más andamio construimos. Cuanto más andamio construimos, más rápido aprendemos.

Dicho de otra manera, si Nadal tuviese que pararse a pensar qué ordenes tiene que dar a sus músculos para ejecutar una volea, nadie le conocería. Por suerte, Nadal ha practicado la volea y pulido cada uno de sus detalles una y otra y otra vez.

El talento es más barato que la sal de mesa. Lo que separa al individuo talentoso del que tiene éxito es un montón de duro trabajo.

― Stephen King

Y al hacerlo, su cerebro ha añadido capas sucesivas de mielina alrededor de los circuitos neuronales precisos que son necesarios para desencadenar ese golpe. De esa manera, cada vez que lanza una volea, su cerebro recurre a esos circuitos y con ello obtiene la mayor rapidez y exactitud en el golpe. Obtiene la destreza.

Desgraciadamente el libro no está publicado en español, pero si el inglés no es un problema para ti, te recomiendo su lectura. Seguro que le sacarás partido, aunque no pretendas convertirte en el próximo Nadal.

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