Decisiones Irracionales, ¿Cómo evitarlas?

Mapa Mental
Nuestras decisiones no son siempre fruto del pensamiento racional

La definición de inteligencia, desde un punto de vista etimológico, es la capacidad de una persona para escoger la mejor opción, entre las posibilidades que se presentan a su alcance, para resolver un problema.

Y, sin embargo, todos conocemos a personas a las que respetamos y a las que reconocemos su inteligencia, que toman decisiones muy poco acertadas. Y que, además, no lo hacen una vez de manera aislada (al fin y al cabo, todos cometemos errores), sino que lo hacen de manera repetida, sin que parezca haber una explicación clara para esa falta de buen juicio.

¿Puede ser que se nos escape algo a la hora de valorar la inteligencia de las personas, que nuestro comportamiento en realidad dependa de otros factores, además de los comúnmente asociados a la inteligencia y a la medida del Cociente Intelectual?

Las personas inteligentes no deciden sobre ningún tema hasta que han examinado cuidadosamente ambas o todas las caras del tema.

― James Hervey Johnson

Esa es la tesis que defiende Keith E. Stanovich, profesor emérito de psicología aplicada y desarrollo humano en la Universidad de Toronto, que ha acuñado el término “disracionalia” (en analogía a “dislexia”) para referirse a la incapacidad para pensar y comportarse de manera racional, pese a tener un nivel adecuado de inteligencia. Con ello, pretende llamar la atención sobre un amplio dominio de actividad cognitiva que escapa a las pruebas de inteligencia tradicionales.

De hecho, Stanovich plantea que la idea tradicional y generalizada de que inteligencia y racionalidad van juntas es falsa, y que es precisamente la irracionalidad el componente de nuestros procesos mentales que explica porqué las personas inteligentes hacen con frecuencia tonterías.

Según él, los tests de C.I. o pruebas de inteligencia no miden la irracionalidad (en este artículo vamos a utilizar este término, en vez de disracionalia), pero eso no quiere decir que no existan métodos para medirla y corregirla.

En un reciente artículo (inglés) en Scientific American, Stanovich sugiere que existen dos causas para la irracionalidad: Una está basada en un problema de proceso, la otra en un problema de contenido, y que, gracias a décadas de investigación en psicología cognitiva, es mucho lo que sabemos acerca de ambas causas.

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No seas tacaño con el razonamiento

Tacaños Cognitivos

El problema de proceso se debe a que tendemos a ser tacaños cognitivos. Cuando nos planteamos un problema, podemos elegir entre varios mecanismos cognitivos para resolverlo. Algunos de esos mecanismos disponen de una gran potencia de proceso, permitiéndonos resolver muchos problemas con gran exactitud, pero son lentos, requieren mucha concentración y pueden interferir con otras tareas cognitivas. Otros mecanismos son comparativamente pobres en capacidad de proceso, pero son rápidos, requieres poca concentración y no interfieren con el resto de nuestra actividad cognitiva. Los humanos somos tacaños cognitivos porque nuestra tendencia básica es recurrir a los mecanismos que requieren menos capacidad de proceso, incluso cuando son menos exactos.

Los sentimientos nunca deberían sobreponerse al pensamiento racional… así que, si sientes que tienes la respuesta, deberías pensar un poco más.

― Julie Ann Elliott-Morton

Para demostrar su razonamiento, Stanovich propone un problema, extraído del trabajo de Hector Lavesque, un científico informático de la Universidad de Toronto. Intenta contestarlo tú mismo sin leer la solución:

Juan está mirando a Ana, pero Ana está mirando a Jorge. Juan está casado, pero Jorge no lo está. ¿Hay una persona casada que esté mirando a una soltera?

  • A) Sí
  • B) No
  • C) No se puede determinar

Más del 80% de las personas eligen la respuesta C. Pero la respuesta correcta es la A. Esta es la manera de razonarlo siguiendo la lógica: Ana es la única persona cuyo estado marital es desconocido. Necesitas considerar las dos posibilidades, casada o soltera, para determinar si tienes suficiente información como para llegar a una conclusión. Si Ana está casada, la respuesta es A: ella sería la persona soltera que estaría mirando a una persona casada (Jorge). En el caso contrario, si Ana está soltera, la respuesta sigue siendo A: en este caso Juan es la persona casada, y está mirando a Ana, que está soltera.
Este proceso de razonamiento se denomina “razonamiento disyuntivo completo” – un sistema de razonamiento que considera todas las posibilidades. El hecho de que el planteamiento del problema no revele si Ana está o no casada sugiere a la gente que no tienen suficiente información, y realizan la deducción más sencilla (C), sin pararse a pensar en todas las posibilidades.
La mayoría de las personas pueden llevar a cabo el razonamiento disyuntivo completo cuando se les indica explícitamente que es necesario hacerlo (como por ejemplo cuando no hay opción “no se puede determinar” disponible). Pero la mayoría no lo hacen automáticamente, y la tendencia a hacerlo sólo está débilmente relacionada con la inteligencia.

En el artículo original encontrarás más ejemplos de este tipo de razonamiento incorrecto, que revelan otras características habituales del “razonamiento tacaño”, como la tendencia a razonar desde una perspectiva egocéntrica, con una fuerte inclinación hacia las tesis y los intereses propios frente a los ajenos, la sustitución de atributos o la conjunción de errores. Todas ellas son características del razonamiento que tienen escasa relación con la inteligencia del sujeto y que, precisamente por eso, son difíciles de detectar con las pruebas de inteligencia convencionales.

El Hueco Mental

Como veíamos antes, esta es la segunda causa de la irracionalidad:

La segunda fuente de la irracionalidad es un problema de contenido. Necesitamos adquirir un determinado conocimiento específico para pensar y actuar racionalmente. El científico cognitivo de la Universidad de Harvard David Perkins acuñó el término “mindware” para referirse a las reglas, datos, procedimientos, estrategias y otras herramientas cognitivas (conocimiento de las probabilidades, deducción lógica y científica) que deben ser recuperados de la memoria para pensar racionalmente. La ausencia de ese conocimiento crea un “Mindware Gap” (Hueco, o déficit, Mental) que, una vez más, es algo que escapa a las pruebas tradicionales de inteligencia.

Uno de los componentes del “mindware” es el pensamiento probabilístico, que puede ser medido, para lo que Stanovich propone resolver el siguiente problema:

Imagina que el síndrome viral XYZ es una seria enfermedad que afecta a una de cada 1.000 personas. Imagina también que la prueba para diagnosticar la enfermedad siempre da positivo para cualquier persona que tiene el virus XYZ. Por último, supón que esta prueba puede dar ocasionalmente positivo para un paciente sano. El ratio de falsos positivos de la prueba es del 5%.

Ahora imagina que elegimos una persona al azar y la sometemos a la prueba, y que esa persona da positivo. Asumiendo que no tenemos más información sobre el historial médico del individuo, ¿cual es la probabilidad (como porcentaje de 0 a 100) de que esa persona sea realmente portadora del virus?

La respuesta más habitual es el 95%. Pero es incorrecta. La gente suele ignorar la primera parte del planteamiento, que establece que sólo una persona de cada 1.000 es realmente portadora del virus. Si las otras 999 personas (que no tienen la enfermedad) se someten a la prueba, el ratio del 5% de falsos positivos significa que aproximadamente 50 de ellos darán positivo. Por lo tanto, por cada 51 pacientes que den positivo, sólo uno de ellos tendrá realmente el virus. Debido al ratio relativamente bajo de la enfermedad y al ratio relativamente alto de falsos positivos, la mayoría de la gente que dé positivo en la prueba no será portadora del virus. La respuesta correcta al problema, por lo tanto, es que la probabilidad de que una persona que dé positivo en la prueba tenga realmente el virus es de 1 de cada 51, o aproximadamente, el 2%.

Como antes, también puedes encontrar ejemplos adicionales en el artículo original, que demuestran otros aspectos de ese “hueco mental” que, como en el caso de la “tacañería cognitiva”, son difíciles de medir con las pruebas de inteligencia tradicionales.

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Tómate tu tiempo de reflexión antes de decidir

En Resumen

Tener un cociente intelectual alto, incluso uno muy alto, no es garantía de ningún tipo a la hora de realizar valoraciones sensatas de las situaciones a las que nos enfrentamos y de tomar decisiones correctas.

No se trata de que sea más inteligente, se trata de que le dedico más tiempo a los problemas.

― Albert Einstein

La clave está en qué pensamos y cómo lo pensamos, en aplicar técnicas de pensamiento racional. Y, aunque la mayoría damos por hecho que esa es nuestra forma de pensar, las investigaciones y estudios sobre piscología cognitiva y comportamiento humano demuestran una y otra vez que nuestros procesos mentales tienen habitualmente un alto componente de irracionalidad.

La solución es sencilla de plantear (aunque quizás no tan sencilla de llevar a la práctica), en palabras del profesor Stanovich, se trata de tomarse el tiempo y emplear los recursos necesarios para realizar valoraciones y tomar decisiones racionales.

Ahora bien, con frecuencia eso es más fácil de decir que de hacer. Pero hay métodos que nos pueden ayudar. Te dejo un ejemplo, el método DROP (WOOP según sus siglas originales en inglés) de la psicóloga Gabriel Oettingen:

  1. Deseo: Define tu objetivo, ¿qué es lo que quieres?
  2. Resultado: ¿Qué beneficio conseguirás si alcanzas tu objetivo?
  3. Obstáculos: ¿Qué puede evitar que consigas el objetivo marcado?
  4. Plan: Lista concreta de acciones que tomarás cuando se presenten cada uno de los obstáculos identificados.

Como ves, no hay nada mágico ni nuevo en el método, ni lo encontrarás tampoco en ninguno de los muchos otros que proponen los psicólogos. Y no hay nada mágico, porque la solución al problema de las decisiones irracionales es muy sencillo, basta con adquirir el hábito de aplicar los recursos que todos tenemos, en vez de pasarlos por alto y acabar tomando decisiones fruto de información y razonamientos incompletos.

Cuando te enfrentes a una decisión importante, no seas “tacaño” ni tengas prisas. Simplemente asegúrate de dedicarle la atención y los recursos mentales necesarios.

Por último, te dejo una charla (en inglés con subtítulos en español) de Dan Ariely en TED en la que reflexiona sobre en qué medida tenemos el control de nuestras propias decisiones o en qué medida el componente irracional tiene peso en ellas.

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